viernes, 14 de octubre de 2011
Bebé ¿Qué me quieres decir?
¿Qué me quieres decir bebé? ¡Te quiero entender! ¡Qué ganas de tener un diccionario a la mano para descifrar lo que los bebés nos dicen! O una aplicación de ipad que nos sugiriera. Esta cara, con este grito y este movimiento corporal, significa que… Es duro, pero no siempre entendemos lo que nos dicen los bebés con sus gestos, su llanto, su emoción y su lenguaje corporal. Con frecuencia nos dejamos dominar por nuestra idea de lo que “debería ser” en un bebé y dejamos de observar lo que realmente está ocurriendo, lo que nos quiere decir. Si llora, pensamos que no queremos fomentar un niño “llorón” y decidimos ignorarlo, si se enoja, pensamos que si permitimos el enojo, va a ser un niño violento y decidimos reprimirlo. También tenemos un “deber ser” como papás, queremos a toda costa ser buenos papás y eso nos lleva a dejar de ver realmente a nuestro bebé. Todos los papás cometemos errores y por fortuna, los bebés vienen “a prueba de inexpertos” La investigación acerca de lo que el bebé dice y por qué lo dice nos puede orientar para despertar nuestra intuición, para mirar lo que es sin sobreponer nuestra idea fuera de contexto de lo que “debería ser”. Los bebés, simplemente hablan el lenguaje de los bebés, que es por cierto universal e innato. Aderezado por el temperamento que ya viene empaquetado con él al nacer. (Más intenso o menos intenso). Los bebés nos envían señales, estas señales expresan emociones y están conectadas a la supervivencia. Todos los bebés del mundo, en todas las culturas vemos la misma constelación de gestos, movimientos y manifestaciones de afectos. (Holinger). 1 Cada señal tiene una función específica y todas en conjunto sirven para relacionarse socialmente con el entorno, principalmente con nosotros los papás quienes somos los seres más importantes de su universo. 1 What babies say before they can talk. The nine signals infants use to express their feelings. Paul C. Holinger. A Fireside book Holinger es un autor de vanguardia, psicólogo y psiquiatra que se ha dedicado a la consulta con jóvenes con problemas de depresión o violencia,él nos describe estas señales, las funciones que cumplen y la guía para decodificarlos. Felizmente, opta por el camino de la prevención y decide compartir sus hallazgos con los papás. Nos entrega una obra invaluable que intentaremos perfilar en este pequeño artículo. Los bebés (por cierto desde recién nacidos) manifiestan la misma constelación de emociones: Interés, Alegría, Sorpresa, Incomodidad o stress, Enojo, Miedo, Vergüenza, y disgusto (por comida o por olores) Estas manifestaciones son el embrión de su mundo afectivo. Contemplarlas con serenidad, nos puede ayudar a elaborar nuestro propio diccionario. También, son muy sensibles a lo que decimos sin palabras. Nuestro interés, tono de voz, lenguaje corporal, nivel de ansiedad son registrados por el bebé y tienen un impacto en el cerebro afectivo.2 2 El autor Stuart Shanker habla de un “bluetooth” entre el bebé y su mamá. ¡Hay que entenderles, descifrar su señal, ponerle nombre! Esto no implica esclavitud: Un bebé pequeño no sabe esperar el alimento, el ser cargado y necesita una respuesta a su necesidad. No se trata de precipitarse corriendo para que el chiquito no tenga “la menor frustración”. Esto no es sano. Los papás podemos con empatía apoyar el desarrollo paulatino de la demora. Si se trata, en cambio, de envolverlo a distancia con las palabras, reflejando lo que nos imaginamos que sucede. Con una intención legítima de atinarle. Probablemente nos equivocamos. Pero el bebé va a captar que le echamos ganas a comprender. “Ahí voy bebé, escucho que tienes hambre” Incluso: “No se qué tienes ¡qué ganas de entenderte” “Te veo triste, te abrazo…” La clave es la EMPATIA que es la habilidad de sentir lo que el otro está sintiendo, haciendo un esfuerzo de ponernos en los zapatos del otro. El autor narra una escena que francamente me parece familiar.3 Mamá habla por teléfono y el bebé la llama llorando. Mamá dice: Un momento nene, hablo con la abuela y el bebé se siente escuchado y espera un momento. Mamá sigue hablando y se engarza en una conversación. El bebé vuelve a llamar. En ese momento la mamá reflexiona que es un niño muy demandante, que se ha vuelto el centro de atención y que no es posible que no pueda ni hablar por teléfono. Con este diálogo interno decide irse con el inalámbrico a otro cuarto a seguir hablando ignorando por completo al bebé. Claro que ahora el nene berrea . El no tenía por qué adivinar que su mamá tenía ese diálogo del deber ser entre la amiga consejera y su auto concepto de maternidad. Ahora si que la mama no lo calma: Lo carga, le revisa el pañal, le ofrece la botella, le muestra un oso de peluche. Están furiosos ambos. Ohhh ¿Qué pudo haber hecho la mamá? Holinger lo menciona: En la segunda ocasión, la mamá pudo volver a decir algo al bebé en lugar de ignorarle: Nene, hablo con la abuela Tita, le quieres mandar un 3 Pag 21 beso, un momento. O bien “Ma aguántame un sec, voy a ver al nene” y cerciorarnos de lo que quiere. En ambos casos el chiquito tiene que esperar un poco a ser atendido, pero no es ignorado. ¿Se entiende? Quizá pensamos que corremos el riesgo de malcriarlo, por responder a sus demandas. En realidad no es sobre atender, ni consecuentar de más, es ESCUCHAR. Y aún cuando no podamos resolver el problema, por lo menos reflejar (eso si, sinceramente) lo que pensamos que tiene el pequeño. Es aprender el IDIOMA BEBE. Y todos, de verdad, más felices. Un problema muy frecuente es el discurso interno que tenemos contra los sentimientos incómodos, como el enojo, la tristeza, la desilusión. Qué común es oír a los papás decir: “qué horrible te ves enojado” “o no seas chillón…” o “ya bájale, no fue para tanto” “no pasó nada” El bebé de verdad está enojado. ¿Qué tal que ante un enojo nos digan algo similar? “Qué mal te ves con esa cara de enojada, yá bájale, no tienes razón”… El enojo tiene muy mala reputación y es un sentimiento vital de sobre vivencia, necesario, útil y su represión es realmente dañina. Un bebé debe sentirse seguro al manifestar el enojo en toda su expresión, sin temer la perdida de nuestro cariño. No temamos. Un enojo, una explosión, un berrinche no es presagio de un delincuente. Al contrario. Puede ser contenido por papá y mamá. Y ser una oportunidad de auto regularse. Cuidamos desde luego que no logre el objetivo del berrinche, que no lastime a nadie, que no se lastime. Pero la manifestación del enojo está bien y es sano. Con nuestra contención, la validación y el hecho de ponerle un nombre, el bebé va desarrollando día con día conexiones neuronales de regulación y de reconocimiento de sus propias emociones. Será un largo camino, desde ahora y a lo largo de su niñez. Holinger nos señala como las señales desatendidas pueden transformarse e incluso escalar hasta niveles complicados: Por ejemplo, un niño con hambre desatendido, va a pasar a angustia y a ansiedad y de ahí al enojo y al descontrol. El autor aconseja: Aprovechar y expandir el interés y la emoción y permitir las manifestaciones más incómodas. Validarla, ponerle nombre acompañarlo con serenidad. Tu bebé pensará: “Me entienden o por lo menos tratan de entenderme…” Por ejemplo, lo vemos feliz mirando aviones. Volvámonos “airplane watchers” reproduciendo el vuelo del avión, tanto de sonido, como haciéndolos volar. Esto no solo le encantará al nene, sino a nosotros nos va a permitir pasar ratos muy padres. Si sabemos que es normal y sano el enojo, lo podremos acompañar con más serenidad, contribuyendo a la auto regulación. Cuando un niño está enojadísimo y le decimos: “No es para tanto” hay algo rarísimo alrededor. Esta furioso y lo que siente contradice lo que le decimos, aprenderá a desconectarse de lo que siente y a reprimir el enojo. Si el enojo es reprimido sistemáticamente con el tiempo se convierte en rabia contenida o en depresión. ¡Claro que no queremos esto para nuestros hijos! Nunca es tarde para empezar con los pequeños. Es común también que la tristeza de los pequeños nos haga sentir que estamos siendo “malos padres” sentimos la necesidad de que estén alegres todo el tiempo. La tristeza es normal y tienen derecho a estar tristes y a recibir un abrazo cobijador. Desarrollemos nuestra propia aplicación del lenguaje del bebé: Conectándonos con el bebé real y quitándonos de la mente al bebé imaginado. Con EMPATIA: Validando su emoción, permitiéndole que se manifieste, tratando en la medida de lo posible quitar las causas de stress. Nombremos los sentimientos por su nombre Bebé ¿Qué me quieres decir? ¿Qué necesitas? ¿Te lo puedo resolver? Disculpa, no puedo, se que lo necesitas pero yo necesito. Te veo cansado, mamá también…
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